Una vez una persona muy
sabia me dijo: nunca te enamores de alguien que no te pertenezca. Pero yo no le
quise hacer caso, no le creí. Una noche, un chico se acercó a mí y me dijo ven
conmigo te llevaré a donde tú quieras, lo daré todo por ti, haré todo lo
posible para estar siempre contigo... Le hice caso, confié en el, tanto que
daría mi vida por él, eso creí, hasta que un día todo acabó. Aquel sabio tenía
toda la razón del mundo, pero quise añadir algo más a lo que me había dicho,
nunca nada es para siempre.
Pero después llegó el, tan perfecto como siempre le había deseado. Ahora lo único que queda es esperarle. Luego pasé de pensar que nunca nada es para siempre a nunca digas nunca.
Sí, ¡te quiero!
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